Tiempos interesantes

Conocéis esa supuesta maldición china: «ojalá vivas tiempos interesantes». En realidad la filosofía china se basa en la noción de cambio, de fluir. Uno de sus textos fundacionales se llama el «Libro de las Mutaciones». Además, pocas civilizaciones han vivido tantos tiempos interesantes sin llegar a desaparecer. Así que no os fiéis de los refranes.

Treinta y 8

Los 38 para mí han sido la edad en la que mejor entendí los versos con los que Dante inicia su «Divina Comedia», ya sabéis, “en el medio del camino de la vida, extraviado y presuroso deambulaba por una selva hostil cuando una bestia me salió al paso…”. O algo así. Si esto fuera un disco de metal amateur ochentero, no se titularía así y la portada un cruce entre mamut y pulpo arrojando bolsa de fuego contra un guitarrista, pero afortunadamente la iconografía ha evolucionado y uno puede intentar que cualquiera se sienta identificado con su música. Aunque tire del falso cebo de lo generacional.

La alegría

Otro homenaje a Jason Becker pero también a otro grande que escucho en bucle los últimos meses y que es más conocido para muchos de vosotros: Joe Satriani. Uno de los guitarristas más divertidos y expresivos que me he echado a los auriculares.

Por una vez, el título no es irónico, quería una canción que alegrara de verdad. Al menos a mí. Esto es así: mi música tiene que ver mucho con mi estado de ánimo más que con lo que sé o no sé tocar. En fin, hay gente que escribe diarios, yo grabo EPs.

Otra versión de un retorno

Sólo existen doce notas, a veces pasa: te sorprendes tocando lo mismos acordes que en otro tema. Esto, que en música clásica se llama leif motiv no sienta tan bien cuando no es premeditado y, lo peor, el otro tema no es tuyo. En este caso, me encontré con una aproximación diferente a una idea que exploré en Lémures y Lares, así que decidí darle un repaso con un ritmo y una intención diferente, una atmósfera, a la que impregna todo aquel proyecto.

A lo mejor también es que componer todos los días no es bueno.

El bailarín

Hay un consejo que te dan si tocas en un grupo: no pises la parte de los demás. Cuando tu banda eres tú solo y tienes cierta tendencia a improvisar pueden pasar dos cosas. La primera, como en Epístola, que haya una fuerza centrífuga que manda cada parte por su cuenta. La segunda, que la guitarra se mezcle con el bajo hasta que toquen lo mismo en varios compases.

Creo que va quedando claro que me gusta tocar el condenado bajo mucho.

EPÍSTOLA AL FURTIVO


Conseguir una base rítmica sólida es la clave para que la guitarra queda desbarrar lo que te pida el cuerpo. Y cuando tocas la sección rítimica y el solo a la vez y con un único instrumento y tu batería es un programa informático, la clave de todo está en el bajo. Básicamente, el pegamento entre dos capas que no encajarían de ninguna manera por sí mismas. En esta Epístola llevo la idea un poco más lejos de lo normal.

Tengo cinco guitarras pero sólo un bajo, un Schecter de 24 trastes tirando a modesto pero que responde muy bien y no se amilana ante una Fender Stratocaster, por ejemplo, que es con la que he grabado Los Descartados.

Terreno de juego

No nos vamos a engañar, Los Descartados está inspirado por los excesos guitarreros de los 80. Y Terreno de juego, la pieza que lo abre, por la figura de Jason Becker y su tema Perpetual Burn. En concreto los nueve primeros segundos, con un picoteo desquiciado de las cuerdas que da alma y textura a la posterior estructura neoclásica del tema.

Claro que cuando hablo de inspiración significa que hasta ahí llegamos. Jason Becker es un genio y uno de los guitarristas que más admiro, así que ni se me ocurre intentar imitarle. Pero soy un fan del grunge, del nu metal y del industrial de los noventa, y ese cinismo y autoconsciencia de tus propias limitaciones me llama demasiado. Al final la cosa es que el ritmo te mueva aunque sea un milímetro, el culo de la puta silla, Terreno de juego es un pogo en miniatura pero sin romperte los dientes de un codazo

Cede tu respiración como una aguja.

Que recorra el filo de la sangre
Con su gratitud.

Que aprenda lo que tenga que aprender
La despedida.

Cede tu respiración
Como horizonte

Al que retornarás para olvidar

Cuál cicatriz.